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SALUD DIGITAL: Humanizar la Tecnología

28/05/2025

SALUD DIGITAL: Humanizar la Tecnología

Vicente G. Moreno
Vicente G. Moreno
Director Estrategia Corporativa en PCI agencia perteneciente a AEAPS

¿Imaginamos juntos un futuro donde la tecnología se siente, pero no interrumpe? ¿Una tecnología que acompaña y escucha mejor? Viaja con nosotros unos años en el futuro y descubre cómo la salud digital puede tener “dimensión humana”.

La tecnología sanitaria ya no deslumbra ni desconcierta. Quizá por eso funciona. No nos acelera, no compite con nosotros, no impone su presencia: nos cuida y nos ayuda a cuidarnos.

En el norte de la ciudad, Clara recibe un aviso suave: “Has dormido mal y hay polvo en el aire. Conviene que tomes la medicación un poco antes”. No hay complejos wearables ni pantallas invasivas. Hay contexto. Alguien pensó en cómo ser útil para Clara. “Hoy mejor evitamos el paseo. Solo haremos estiramientos. A media tarde te paso a ver, ¿te parece?” Clara vive con EPOC y diabetes. Durante años, su vida giró en torno a consultas, urgencias, fármacos y papeles. Hoy, su dispensador automático gestiona la medicación, las visitas de la enfermera se adaptan a su ritmo y su historia clínica habla no solo de su enfermedad y tratamiento, sino de quién es y cómo vive.

Almíz es un pueblo de 1.400 habitantes. Hace tiempo que recibir la mejor atención médica no depende del lugar de residencia. Las unidades móviles acuden donde hacen falta. En el Centro de Salud hay una consulta digital, como las de siempre, pero con una pantalla “de cuerpo entero” donde Anselmo puede hablar con su médico o su enfermera en tiempo real. Los informes ya no son un misterio. Se toman su tiempo para explicar y comprender el cambio de medicación y, de paso, se preguntan por la familia. “La nueva medicación te llegará esta tarde a casa de tu hijo y tu nuera te la llevará antes de cenar. Ya les he enviado un mensaje. Para tu tranquilidad, puedes hacer el seguimiento del envío”. 

En la estación de Patraix del metro de Valencia, una joven entra en una cabina discreta. Suspira, duda y finalmente se sienta y toca la pantalla. Aparece una cara amable al otro lado. Voz pausada, mira y no juzga. No hay menús infinitos ni esperas frustrantes. No hay inteligencia artificial generativa ni respuestas automáticas. Solo una persona escuchando de verdad. Alguien que dice: “Estoy aquí. Cuéntame.” Solo personas que acompañan cuando lo necesitamos.

En Girona, estudiantes de 3.º de la ESO debaten en su asignatura de Salud y autocuidados. Hablan de ciencia y de su salud. El cáncer ya no es “un bicho”, las vacunas no son magia… 

Aprenden a contrastar fuentes, a desarrollar su pensamiento crítico, a construir sus propias opiniones, a basar sus decisiones en la ciencia. Descubren asombrados cómo una cadena de WhatsApp o un vídeo en “insta”, hace tan solo unos pocos años, podrían hacer más daño que un virus. Sus padres siguen su progreso y acompañan activamente en el aprendizaje. Hablan de ciencia, salud y personas.

Imaginemos una tecnología que sume y no sustituya. Una tecnología que escucha a las personas antes de actuar, que se centra en eficiencia con conciencia, que cuida y acompaña, que conecta personas con personas.

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