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CUANDO EL PROPÓSITO ENCUENTRA SU FORMA

11/02/2026 Blog

CUANDO EL PROPÓSITO ENCUENTRA SU FORMA

Aralia Muñiz Fernández
Aralia Muñiz Fernández
Alumna del MBA y LIDERAZGO en Industria Farmacéutica y Biotecnológica en Madrid

Siempre he tenido claro que quería dedicarme a algo que tuviera impacto en la vida de las personas. Por eso, durante todo el bachillerato cursé la rama de ciencias. Me atraía entender el cuerpo humano, la biología, la genética, las enfermedades. Había una inquietud muy clara por la salud, por el porqué de las cosas y por cómo mejorar la vida de los demás.

Sin embargo, a medida que avanzaba en mis estudios, empecé a darme cuenta de algo importante: no todas las formas de ayudar pasan necesariamente por la parte más técnica o clínica. Me interesaba tanto el qué como el cómo. Cómo se toman decisiones, cómo se organizan los recursos, cómo se consigue que una buena idea llegue realmente a las personas que la necesitan.

Fue ahí donde la economía empezó a cobrar sentido para mí.

Elegí estudiar Economía no como un alejamiento de la ciencia, sino como una forma distinta de acercarme a ella. Entendí que la gestión, la estrategia y la toma de decisiones también forman parte del cuidado de la salud, aunque no siempre sean visibles. Que detrás de cada avance, de cada tratamiento y de cada innovación hay estructuras, análisis y personas que hacen posible que todo funcione.

Hay una imagen que me acompaña mucho y que, para mí, resume bastante bien por qué estoy aquí. A veces pienso en una cafetería cualquiera. Un lugar sencillo, donde las historias se cruzan sin conocerse: un padre compartiendo chocolate con sus hijas, personas mayores recordando su vida a través de fotos antiguas, generaciones distintas compartiendo el mismo espacio. Escenas cotidianas, llenas de vida.

Y, sin embargo, todos comparten algo: la fragilidad del cuerpo y el deseo de seguir viviendo, creciendo o viendo crecer a quienes quieren. Es en esa cotidianeidad donde la salud deja de ser un concepto abstracto y se convierte en algo profundamente humano. Y es ahí donde entendí que quería formar parte de una industria capaz de proteger esos momentos, de alargarlos y de cuidarlos.

La industria farmacéutica apareció entonces como un espacio natural donde confluyen ciencia, personas, estrategia y propósito. Dar el salto no fue inmediato ni obvio. Supuso asumir dudas, aprender un lenguaje nuevo y confiar en que los perfiles no sanitarios también tenemos un papel fundamental en este sector. Pero fue una decisión coherente con lo que llevaba tiempo construyendo.

Por eso decidí cursar el MBA y LIDERAZGO en la Industria Farmacéutica y Biotecnológica en talento ephos. El máster está siendo, para mí, un proceso de aprendizaje constante y de confirmación. No solo por los contenidos, sino por la diversidad de perfiles, por las conversaciones y por la forma en la que se entiende la industria desde dentro, con sus retos y su impacto real.

Mi día a día combina esa formación con mis prácticas en Biogen. Es una etapa de observar, aprender y hacer preguntas. De entender cómo la teoría se traduce en decisiones reales, en análisis, en procesos que buscan ser más eficientes y, en última instancia, más útiles para las personas. He aprendido que muchas veces ayudar no es hacer grandes gestos, sino contribuir a que las cosas se hagan mejor.

Durante mucho tiempo leí perfiles de personas que habían pasado por este mismo camino. Algunos venían de la rama sanitaria, otros no. En estos últimos encontré algo que me tranquilizó: la certeza de que no hay un único recorrido válido y de que escuchar la propia inquietud también es una forma de avanzar.

Hoy sigo en proceso, aprendiendo y construyendo sin tener todas las respuestas. Pero con la convicción de que dedicar mi trabajo a un sector que busca mejorar la vida de las personas es, para mí, una manera honesta y coherente de estar en el mundo.

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