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Del mostrador a la Industria: la fórmula mágica de una vocación que evoluciona.

06/05/2025 Blog

Del mostrador a la Industria: la fórmula mágica de una vocación que evoluciona.

Claudia López Rivera
Claudia López Rivera
Alumna del MBA y LIDERAZGO en Industria Farmacéutica y Biotecnológica en Madrid

Siempre he sabido quién era, pero ante la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” me quedaba en blanco. Quería serlo todo. 

Crecí en un pueblo rodeada de buenos referentes en lo personal y lo profesional. Mi padre, farmacéutico, me inculcó el amor por la profesión. Recuerdo que la rebotica de su farmacia me parecía un lugar fascinante en el que cada cajón contenía un principio activo, una "fórmula mágica" que sin saber cómo atacaba justo a la afección de las personas que acudían a la farmacia y su dolor se paliaba, su síntoma desaparecía o su humor mejoraba. De alguna forma mi padre era un mago y desde pequeña, movida por la curiosidad que habita el cuerpo de una niña despierta, quise averiguar el truco, todos los “por qués” y desarrollar una fórmula propia con un único propósito: generar esperanza y mejorar la salud de las personas que sufren alguna enfermedad.

Sin darme cuenta me convertí en una adolescente que tenía que tomar una decisión aparentemente determinante sobre su futuro tras el examen de selectividad. Como era apasionada y muy curiosa, me costó decidirme, pero mi necesidad de encontrar explicación lógica a todo lo que no entendía sumada a mi interés por servir a los demás venció. Así que me matriculé en Farmacia.

Estudié en la Universidad Complutense de Madrid, donde descubrí un mundo nuevo: en el laboratorio las reacciones químicas cobraban sentido fuera del papel; la fisiología del cuerpo humano lo convertía en una máquina perfecta; comprendí la manera en que interaccionan receptor y ligando molecularmente; la farmacocinética mostraba el recorrido del fármaco por nuestro organismo; las prácticas curriculares me permitieron conocer desde dentro una farmacia hospitalaria…

Cuando me gradué, una vez más tuve que elegir entre varios caminos que se multiplicaban conforme me iba informando. ¡Qué difícil es elegir cuando todo te llama la atención!
Sentí que era el momento de volver a la farmacia para convertirme en la profesional con la que soñaba la versión joven de mí. Empecé a ejercer como farmacéutica adjunta y, al tiempo, comencé a compartir la dirección de la oficina con mi padre. Lo recuerdo como un tiempo de aprendizaje exponencial sobre la dirección técnica, administrativa y económica de la farmacia, el seguimiento farmacoterapéutico, el cumplimiento normativo, dermofarmacia, ortopedia… Incluso abrí una cuenta en redes sociales para hacer divulgación científica, donde adaptaba el lenguaje técnico a formatos comprensibles para el paciente y creaba contenido sobre productos de parafarmacia.

Durante mi día a día como farmacéutica comunitaria empecé a concebir el mostrador como una barrera: quería un trato más cercano con el paciente. Buscaba la manera de ayudarles a introducir pequeños cambios cotidianos que mejorasen su calidad de vida. Por otra parte, y aunque hasta ahora no lo haya mencionado, siempre he disfrutado especialmente de la gastronomía y la alimentación saludable. 

Atendiendo a ambos intereses, cuando llevaba ya un año ejerciendo como farmacéutica cotitular, decidí matricularme en el grado de Nutrición Humana a distancia en la USP-CEU. De esta etapa destacaría mis prácticas curriculares en la Policlínica Universitaria, donde elaboraba planes nutricionales a pacientes con patologías digestivas, síndromes autoinmunes, intolerancias y alergias. Aprendí mucho sobre nutrición personalizada y suplementación alimentaria, pero sorprendentemente lo que más desarrollé fue mi capacidad de dirigir una consulta empatizando, escuchando cada síntoma del paciente y adaptando mis recomendaciones a su patología y limitaciones cotidianas.
Con el tiempo, ofrecí servicios de nutrición en mi propia oficina de farmacia. Al conocer el historial médico de mis pacientes podía hacer un seguimiento más completo, conciliando dieta y tratamiento farmacológico en cada caso particular. También comencé a colaborar con un centro deportivo para fomentar la alimentación saludable y la actividad física. Fue especialmente gratificante comprobar cómo los pacientes no sólo lograban su objetivo, también cambiaban su estilo de vida. Y cómo algunos de ellos finalmente podían tomar decisiones fundamentadas sobre su alimentación, siendo completamente autónomos.

Tras un tiempo profundizando en el trato con el paciente, comencé a plantearme la manera de llegar más allá. Sentía que mi experiencia podía contribuir de otra forma, que quizás en un futuro mi trabajo podría tener un impacto en la salud de más personas. Y el interés que ya tenía por el sector de la industria farmacéutica al graduarme fue aumentando. Empecé a valorar la importancia que se otorga a la innovación, al trabajo en equipo, la creatividad y la búsqueda de la excelencia para mejorar la salud a una mayor escala.

Así decidí emprender un nuevo camino profesional. Tras mucho investigar y escuchar recomendaciones, elegí el MBA y LIDERAZGO en Industria Farmacéutica y Biotecnológica de talento ephos por tres razones principales: la excelencia del claustro docente, compuesto por profesionales en activo de empresas punteras del sector; la proyección profesional que ofrece a través de prácticas garantizadas en compañías de referencia; y sobre todo, su enfoque práctico, que permite aplicar desde el primer día lo aprendido en clase al entorno laboral.

Hoy, miro atrás satisfecha con cada paso dado durante los últimos años, porque todos me han traído hasta aquí. Actualmente formo parte del equipo médico de Johnson & Johnson Innovative Medicine como becaria en el área de Hipertensión Arterial Pulmonar. Disfruto mucho de trabajar con una enfermedad rara, ya que generamos esperanza ahí donde es más difícil. Sé que estoy en el lugar adecuado porque me levanto cada mañana feliz por ir a la oficina, donde cada jornada es un aprendizaje continuo: desde la revisión de literatura científica y la elaboración de materiales, hasta las interacciones con profesionales que trabajan en la empresa hace años y tienen una visión global y madura del sector. Me siento valorada y desafiada a crecer; y he descubierto la importancia de mirar cada proyecto con perspectiva estratégica, de ser más crítica y rigurosa. Pero sobre todo, ahora soy más consciente que nunca del valor del trabajo bien hecho.

Si algo he aprendido en todo este camino es que cada decisión que tomamos, incluso aquellas que en su momento parecen no tener relación directa con nuestro objetivo final, acaban construyendo las personas y profesionales que somos hoy. Todas mis experiencias, lejos de ser caminos paralelos, han sido piezas de un mismo puzle. Me han enseñado a empatizar comprobando cómo conviven las personas con la enfermedad, a comunicar a distintos públicos y a tener una visión 360º del paciente, del sistema sanitario y ahora, de la industria.

Por último, aunque no me considero nadie para dar consejos, teniendo en cuenta que has conseguido leer mi historia hasta este punto y que probablemente estemos en la misma situación profesional, me tomaré la libertad de compartir mi visión: alimentemos nuestra curiosidad, superemos el miedo a probar cosas nuevas y no abandonemos nunca la mentalidad de aprendiz para afrontar cada proyecto.

Al terminar de escribir este artículo me planteo que quizás es la combinación de ciencia, pasión, vocación y propósito la verdadera “fórmula propia” que buscaba desarrollar cuando era pequeña.

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