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El networking con ratones no funciona (por mucho que les insistas)

28/07/2026 Blog

El networking con ratones no funciona (por mucho que les insistas)

Gisela Parra Gabarra
Gisela Parra Gabarra
Alumna Máster en Medical Affairs, Medical Advisor y Medical Scientific Liaison (MSL) en Barcelona

No sé qué hora era, porque cuando estás en el laboratorio tu única noción del tiempo son los pitidos del timer que marca las incubaciones. Solo recuerdo que ya se había hecho de noche fuera, las horas me pesaban desde la mañana y yo seguía allí metida, en mi enésimo intento de hacer un western blot que no pareciera una obra de arte abstracto. En mitad de esa oscuridad, me invadió una pregunta incómoda: ¿Por qué me siento así si se supone que esto me gusta?

O, al menos, eso me decía a mí misma. Tenía que gustarme. Al fin y al cabo, había invertido cuatro años de grado en Bioquímica y un año de máster en Neurociencias para estar ahí. Sentía que si renunciaba a investigar el Alzheimer, estaba tirando mi propósito de vida y todos mis años de esfuerzo directamente por la borda. En ese momento, la trayectoria académica tradicional se me presentaba como una sentencia; si te salías del camino, la percepción implícita era que habías fracasado. Me sentí un bicho raro y completamente desorientada entre eppendorfs y ratones.

Sin embargo, la realidad que te encuentras al levantar la cabeza de la poyata es muy distinta. Nos venden la investigación académica como la trayectoria clásica y natural, cuando la realidad estadística es un embudo feroz: En lugares como el Reino Unido, menos del 3.5% de los investigadores llega a ser profesor titular o PI. Nos forman en masa para un camino en el que casi nadie tiene cabida, generando una frustración inevitable en el resto.

Darse cuenta de que no quieres formar parte de esa estadística no es un fracaso personal. Lejos de ser "bichos raros", cada vez es más común que la gente busque opciones fuera de la trayectoria tradicional que le hagan feliz y se adapten a sus verdaderas fortalezas.

En mi caso, en medio de esa indecisión en el lab, había un runrún que no dejaba de resonar en mi cabeza. Yo nunca había rozado una matrícula de honor en la carrera porque compaginaba los estudios trabajando. Pero en el máster llegó mi primera matrícula, precisamente en Comunicación Científica. "Gisela, qué bien se te da comunicar", "Qué bien explicas", "Qué buena presentación". Lo oía constantemente. Y claro, a mí, que me gusta hablar más que a un terapeuta, el laboratorio ya se me estaba quedando muy corto; de haber seguido allí, habría terminado intentando entablar conversación con los ratones del estabulario.

Fue el mundo de Medical Affairs el que me descubrió que existía un puente perfecto entre la ciencia y la comunicación. Pero tomar la decisión de lanzarme a por ello no significaba tirar la toalla de cualquier manera. Me dije a mí misma: "Si me voy, me voy por la puerta grande. El día de mañana quiero poder decirme que si no escogí la investigación tradicional fue porque no quise, no porque no pude".

Trabajé. Trabajé duro. Querían ciencia, y les di ciencia. Y así fue como llegó mi segunda matrícula de honor, esta vez en el Trabajo de Fin de Máster. El día de la defensa, cuando me planté ante el tribunal y volví a escuchar aquel “Qué bien comunicas", no fue solo un cumplido; se sintió como un refuerzo de la vida, un abrazo que me decía: "Te irá bien, has tomado la decisión correcta".

Aun así, dar el salto a la industria farmacéutica me daba pánico por un prejuicio muy arraigado en la universidad: La errónea percepción de que en Pharma solo mueve el dinero. Mi razón de ser siempre ha sido ayudar a los pacientes y a su entorno a tener una vida mejor. Me asustaba desengañarme y ver que acababa en un sector corporativo alejado de mi propósito.

Nada más lejos de la realidad.

Al cruzar la línea y comenzar mi experiencia en el Máster en Medical Affairs, Medical Advisor y Medical Scientific Liaison (MSL) de talento ephos y en las prácticas, el choque fue profundamente positivo. He descubierto un sector donde el paciente está en el centro absoluto de la estrategia. Aquí se involucra al paciente, se vela por sus necesidades y se trabaja por su bienestar día tras día, pero con los recursos y la estructura necesarios para que el impacto sea real, masivo y tangible.

A mi "yo" de aquella noche oscura en el laboratorio, cansada y asustada, le diría que no tenga miedo. Dejar la bata no significa dejar la ciencia; significa entender que tus notas no te definen, que tus habilidades comunicativas son tu mayor activo y que la Industria es un lugar extraordinario para transformar tu vocación en un impacto directo en la vida de las personas.

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