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Más allá de la bata: Lo que Berlín, Barcelona y los laboratorios me enseñaron sobre la Industria

01/06/2026 Blog

Más allá de la bata: Lo que Berlín, Barcelona y los laboratorios me enseñaron sobre la Industria

Pau Martí Garriga
Pau Martí Garriga
Alumno MBA y LIDERAZGO en Tecnologías Médicas, IA y Salud Digital en Barcelona

¿En qué momento un biotecnólogo descubre que la innovación no termina en el laboratorio? Durante mucho tiempo pensé que mi camino profesional estaría rodeado de pipetas, muestras, microscopios y protocolos con nombres lo suficientemente largos como para hacer dudar a cualquiera de sus decisiones vitales. Y, en parte, así fue. Pero con los años entendí que la ciencia, por sí sola, no siempre llega al paciente, al hospital o al laboratorio que la necesita. Para que una innovación tenga impacto, alguien tiene que investigarla, desarrollarla, comunicarla, implementarla y, sobre todo, entender muy bien a quién va dirigida.

Mi recorrido empezó en Barcelona, estudiando Biotecnología, con la curiosidad de quien quiere entender cómo funcionan las cosas desde dentro. Durante esa etapa tuve la oportunidad de realizar mi trabajo de final de grado en el Institute for Bioengineering of Catalonia (IBEC), situado en el Parc Científic de Barcelona, donde empecé a familiarizarme con la investigación biomédica, los modelos de enfermedad, las técnicas de biología molecular y esa mezcla tan particular de paciencia, precisión y pequeña crisis existencial que puede aparecer cuando un experimento no sale como esperabas. Ahí aprendí una primera lección importante: la investigación no es solo conocimiento técnico, también es método, resiliencia y capacidad de adaptación.

Después estudié el Máster en Investigación Biomédica, una etapa que me ayudó a dar un salto más profundo hacia la investigación clínica y que acabó llevándome a Berlín. Allí trabajé en el DRFZ, dentro del campus del Hospital Universitario Charité, el hospital universitario más grande de Europa. En un entorno vinculado a la anatomía patológica, la microscopía, la inmunofluorescencia y el análisis de muestras de pacientes, pude ver de cerca la conexión entre investigación y realidad clínica. Allí entendí que detrás de cada muestra no había solo datos, tejidos o biomarcadores, sino preguntas médicas reales. Y también descubrí que trabajar en un hospital alemán puede ser muy enriquecedor, aunque al principio uno no sepa si le están explicando un protocolo o regañando con mucha educación.

Mi etapa en Berlín continuó en el mundo start-up, dentro del ámbito food-tech y biotecnológico. Pasé por una start-up americana y posteriormente por una start-up alemana, trabajando en R&D, microbiología, fermentación y bioprocesos. Fue una experiencia muy diferente a la investigación académica: más rápida, más cambiante, más imperfecta y, precisamente por eso, muy formativa. En una start-up aprendes que la innovación no siempre ocurre en condiciones ideales. A veces ocurre con recursos limitados, prioridades que cambian, reuniones improvisadas y la necesidad de tomar decisiones aunque no tengas el 100% de la información. Allí empecé a ver la ciencia como parte de un ecosistema más amplio: producto, mercado, equipo, procesos, clientes, financiación y estrategia.

La vuelta a Barcelona me llevó a otra parte de la Industria: el contacto con clientes. Actualmente, en Agilent Technologies, desde inside sales, estoy aprendiendo a mirar los laboratorios desde otra perspectiva. Después de haber trabajado dentro de ellos, ahora intento entender qué necesitan para funcionar mejor: mantenimiento, servicios, soporte, formación, soluciones técnicas y procesos más eficientes. Este cambio ha sido muy revelador. Antes pensaba en protocolos; ahora también pienso en necesidades del cliente, seguimiento comercial, CRM, oportunidades y mejora de laboratorios. Y aunque pueda parecer un salto grande, en realidad hay un hilo común: escuchar, analizar, detectar problemas y buscar soluciones. Solo que ahora, en lugar de mirar únicamente por el microscopio, también miro el contexto completo.

En este punto, el MBA y LIDERAZGO en Tecnologías Médicas, IA y Salud Digital de talento ephos está siendo una pieza clave para ordenar todo este recorrido. Me está ayudando a conectar mi base científica con una visión más holística del negocio en salud: cómo se estructura la Industria, cómo se toman decisiones, cómo se introducen soluciones en el mercado y cómo conviven la innovación, la regulación, la estrategia y las personas. Para alguien que viene de la biotecnología y de la investigación, aprender este lenguaje empresarial no significa alejarse de la ciencia, sino acercarla más al impacto real. Porque una tecnología sanitaria no transforma nada si no consigue integrarse en el sistema, responder a una necesidad y aportar valor.

Así que, volviendo a la pregunta inicial: ¿cuándo descubrí que la innovación no termina en el laboratorio? Probablemente no hubo un momento exacto, sino muchos pequeños momentos. En Barcelona, aprendiendo las bases científicas y dando mis primeros pasos en investigación en el IBEC. En Berlín, entendiendo la investigación clínica en el entorno del DRFZ y el campus Charité, y viviendo después el ritmo intenso de las start-ups. En Agilent, escuchando a clientes y viendo las necesidades reales de los laboratorios. Y ahora, en talento ephos, integrando todas esas piezas desde una perspectiva más estratégica. Hoy entiendo que la bata fue una parte importante del camino, pero no el camino completo. La industria médica necesita ciencia, sí, pero también personas capaces de traducir esa ciencia en soluciones útiles, sostenibles y aplicables.

Quizá el verdadero reto para quienes venimos del mundo científico no sea elegir entre laboratorio o negocio, entre investigación o cliente, entre bata o maletín. Quizá el reto sea aprender a moverse entre todos esos mundos sin perder la curiosidad, la sensibilidad ni el propósito. Porque, al final, la pregunta no es solo qué sabemos hacer con la ciencia, sino cómo podemos conseguir que esa ciencia llegue mejor a quienes realmente la necesitan.

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